Luna llena el 22 en Cáncer
En la vida no hay nada que temer. Solo que entender.
MARIE CURIE
Ss. Anastasio I, p. Gregorio de Auxerre, ob. Francisco Javier Hà Trong y cc., mrs.
Misa: De Feria de Adviento (3.ª sem.)
EL ÁRBOL DE NAVIDAD

El cristianismo adoptó y transformó algunas costumbres paganas ante la imposibilidad de erradicarlas. Cuenta la leyenda que en el siglo VIII había un roble consagrado a Thor en la región de Hesse (Alemania). Cada año, durante el solsticio de invierno, se le ofrecía un sacrificio. El misionero Bonifacio taló el árbol ante el asombro de los lugareños y, tras leer el Evangelio, les ofreció un abeto, un árbol de paz que «representa la vida eterna porque sus hojas siempre están verdes» y porque su copa «señala al cielo». A partir de entonces, comenzaron a talar abetos durante la Navidad y se colgaron del techo de forma invertida. El teólogo Martín Lutero puso unas velas sobre las ramas de un árbol de Navidad porque centelleaban como las estrellas en la noche invernal.

Dos ciudades bálticas se disputan el mérito de haber erigido el primer árbol de Navidad en una plaza pública: Tallin (Estonia) en 1441 y Riga (Letonia) en 1510. Unos comerciantes locales instalaron un abeto en la plaza del mercado de Riga, lo decoraron con rosas artificiales, bailaron a su alrededor y finalmente le prendieron fuego. Hoy se iluminan con luces eléctricas y convocan a miles de turistas.