Cuarto creciente a las 9.58 en Escorpio
Es preferible ser viejo menos tiempo que serlo antes de la vejez.
CICERÓN
Ss. Alberto Hurtado, pb. Agapito; León, mrs. Elena. Fermín de Metz; Eonio de Arlés, obs. Macario, ab. Btos. Francisco Arias; Jaime Falguerona y Anastasio Bidaurreta; Martín Martínez; Vicente M.ª Izquierdo.
Misa: De Feria del T.O. (19.ª sem.) SJ: De S. Alberto Hurtado (MO)
EL CRUASÁN NO ES FRANCÉS

Los orígenes de este popular bollo se encuentran en Viena, y se remontan a 1683. Las tropas del Imperio otomano sitian la ciudad, pero Viena resiste con valentía.

Kara Mustafá, el gran visir turco, tiene un ingenioso plan: excavar por las noches un túnel subterráneo para evitar las inexpugnables murallas de la ciudad. Sin embargo, el plan no contaba con el gremio de panaderos de Viena, que trabajaban toda la noche. Ellos alertaron al ejército austriaco al escuchar sonidos que venían del subsuelo. El ejército encontró el túnel y lo utilizó para llevar a cabo un ataque sorpresa contra los turcos, que, despavoridos, huyeron. Posteriormente, el ejército otomano fue expulsado de Austria por las tropas de Juan III Sobieski de Polonia. El emperador Leopoldo I, como agradecimiento por el valor demostrado, condecoró a los panaderos, que elaboraron un bollo en forma de «medialuna», recordando el símbolo de la bandera otomana.

El bollo llegó a Francia en 1838, cuando el oficial austriaco August Zang abrió su panadería vienesa. Tuvo tanto éxito que los franceses pronto lo hicieron suyo llamándolo croissant.