Luna nueva el 28 en Escorpio
El Sol entra a las 19.20 en Escorpio
Si te dan un papel pautado, escribe por detrás.
Juan Ramón Jiménez
Ss. Juan de Capistrano, pb. Servando y Germán; Juan (ob.) y Jacobo (pb.); Teodoreto (pb.); Severino Boecio; Pablo Tong, mrs. Severino de Colonia; Juan de Siracusa; Román de Rouen; Ignacio de Constantinopla, obs. Benito, pb. Etelfleda, absa. Alucio. Btas. M.ª Francisca Lacroix y Ana M.ª Erraux.
Misa: De Feria del T.O. (29.ª sem.)
o de S. Juan de Capistrano
Pequeños Cottolengos

Fueron años muy oscuros, los años de la Primera Guerra Mundial, cuando don Luis Orione (1872-1940) trabajó arduamente con su humilde congregación, la Pequeña Obra de la Divina Providencia, en la educación de la juventud más pobre y necesitada de Italia. La máxima «Solo la caridad salvará al mundo», fue la convicción que marcó su vida.

En 1915, la condesa Teresa Agazzini le dejó como herencia una casa para que sirviera como asilo de ancianos. Esto empujó a don Luis a iniciar un nuevo apostolado: el alivio de pobres y enfermos de toda clase, según el modelo de la gran obra de Turín, fundada por san José Benito Cottolengo. Casi sin darse cuenta, don Orione fue abriendo, una tras otra, casas de caridad, que la gente no tardó en llamar «pequeños Cottolengos», por identificarlas con la obra del santo de Turín.

El 16 de mayo de 2004, san Juan Pablo II canonizó a don Luis Orione, y le dedicó estas palabras: El corazón de este estratega de la caridad «no conoció confines, porque estaba dilatado por la caridad de Cristo». El celo por Cristo fue el alma de su vida intrépida, el impulso interior de un altruismo sin reservas y el manantial siempre fresco de una esperanza indestructible.